GANAS DE MÁS

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GANAS DE MÁS

Publicado en Arte & Letras. Diario Información de Alicante. 26/02/2015

Reseña de LAS GANAS, de Santiago Lorenzo (Blackie Books, 2015)

Despacito, sin hacer mucho ruido, como sin querer molestar demasiado, Santiago Lorenzo se ha convertido con solo tres novelas de escuetos títulos –Los millones (2010), Los huerfanitos (2012) y Las ganas (2014)- en uno de esos autores imprescindibles para un fiel puñado de lectores escasamente interesados en posmodernos experimentos metaliterarios, en interminables sagas de fantasía heroica, en magistrales novelas ambientadas en la posguerra.

Abandonada definitivamente su labor cinematográfica -es autor de dos estupendos y poco vistos largometrajes: Mamá es boba (1997) y Un buen día lo tiene cualquiera (2007)- Lorenzo ha encontrado en la literatura el mejor aliado para contar sus historias. Y nosotros lo celebramos.

Lorenzo pertenece a esa españolísima y heterodoxa estirpe de escritores de la talla y el talante de Jardiel y Edgar Neville, de Julio Camba y Ramón, de Mihura y Fernández Flórez, de Azcona y García Pavón. Maestros en la observación minuciosa de ambientes y comportamientos, en la descripción exacta de personajes, en el uso preciso y a veces inverosímil del diccionario, cuyos límites no dudan en ensanchar o dinamitar si la ocasión lo requiere. Autores, también, con la mirada perpetua e inevitablemente teñida de humor (ácido o amable, costumbrista o absurdo, según toque) hacia lo que les rodea.

Nos gustan, además, las novelas de Lorenzo porque derrochan a raudales entusiasmo y optimismo, cualidades no solo poco habituales en nuestras letras, sino con frecuencia tachadas de frívolas o sospechosas por los profetas de lo aburrido, por los defensores del bostezo, por los talibanes del tedio. Dice el autor en una entrevista: “Yo sigo pasmándome a diario de tener unos amigos tan fenomenales, de haber trabajado siempre en lo que quería, de no tener que madrugar, de poder elegir mi lugar de residencia y de las novias tan majas que he tenido. Igual habría que empezar a hacerse el desabrido, pero tener que estar poniendo cara de Mabuse… Un cansancio.” Pues sí, decimos también nosotros: un cansancio…

Optimismo y entusiasmo, repetimos, como actitud vital, como silenciosa rebelión. Leemos sus historias con una permanente sonrisa, a pesar de las mil y una pequeñas catástrofes que padecen sus personajes, toda una caterva de entrañables perdedores por los que el autor (y nosotros con él) siente un enorme cariño, tal vez porque se ve (nos vemos) de algún modo reflejado en ellos.

Su nueva novela, Las ganas, nos cuenta la historia de Benito, un químico triste y feo que ha inventado el mocordo, que sufre un tremedal porque lleva tres años sin porlar, y que no piensa más que en hacerle la Confesanta a su novia, María… ¿Qué no han entendido nada? Pues ya saben: lean Las ganas. Se quedarán con idem de más.

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