DIARIO DE LECTURAS #03

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Una de las cosas buenas de trabajar en una librería es la posibilidad de conocer en persona a gente a la que admiras. Desde hace un año aproximadamente me he sentido muy interesado por la figura de Juan Arnau, cuya obra estoy leyendo muy poco a poco, que en estas cosas no me gusta ir con prisas. Eso de que sea astrofísico y doctor en filosofía sánscrita, en un mundo ridículamente dividido en ‘ciencias o letras’, ‘izquierda o derecha’, etc me resulta maravilloso. En unos días estará en Alicante presentando su último libro (que estoy acabando mientras escribo esto), y he aprovechado para terminar su Manual de filosofía portátil (Atalanta, 2014) que he ido leyendo a sorbitos durante los últimos meses. Arnau realiza 19 paradas en la historia filosófica de Occidente, de Lévi-Strauss a Heráclito, en un recorrido temporalmente inverso que hace hincapié tanto en las ideas como en las vidas de las personas en las que dichas ideas germinaron. Arnau no entiende la filosofía como un pensamiento abstracto, teórico, sino como una manera de vivir, y demuestra que los más grandes pensadores (Nietzsche, Berkeley, Montaigne, Tomás de Aquino) así lo entendieron también.

A Félix Romeo (1968-2011) desgraciadamente no tuve ocasión de conocerle, pero durante años fue una de esas personas por las que sentí una simpatía extrema. Cuando compraba el suplemento cultural del ABC, sus columnas eran lo primero a lo que acudía. Me fascinaba ver cómo, pese a su juventud, lo había leído, oído y visto todo. Pero sobre todo me atraía el entusiasmo con el que hablaba de tantas cosas, y cómo la literatura nunca era una excusa para evadirse del mundo, sino todo lo contrario: una manera de conocer, de relacionarse y de entender lo verdaderamente importante, la vida. En Por qué escribo (Xordica, 2013), se recogen de manera póstuma una buena selección de sus artículos publicados en prensa. Me gusta la cantidad de veces que repite palabras como democracia y libertad, y cómo desprecia a todos aquellos intelectuales que defienden dictaduras y justifican crímenes terroristas desde su cómoda posición de burgueses occidentales. Mucho mejor articulista que novelista, no estaría mal que alguien recopilara sus colaboraciones completas en prensa.

A quien también leo desde hace años con muchísimo placer es a Roger Wolfe, uno de mis poetas españoles favoritos. Además de una obra poética extraordinaria (emparentada con Bukowski y todo eso pero a mi gusto más interesante) tiene un buen puñado de libros inclasificables, entre el diario y el ensayo, que no entiendo cómo no son más conocidos… En estos Tiempos Muertos (Huacanamo, 2009) recoge textos de dos épocas (2003-04 y 2006-07). El sexo, la política, la literatura, el alcohol, la familia o la enfermedad están en el centro de sus reflexiones, tan agudas como políticamente incorrectas.

Al sur de Granada (Austral, 2017), de Gerald Brenan, es uno de esos libros de los que había oído hablar hace tiempo (vi en su día la película de Fernando Colomo, que me pareció bastante buena) pero tampoco tenía un especial interés en leer esta recreación de los años que su autor pasó en Las Alpujarras. Aprovechando unos días cerca de esa zona me he animado a leerlo y ha sido toda una sorpresa. Es un libro divertidísimo, lleno de humor, de reflexiones, de sorpresas, que muestra la adaptación de este joven inglés excombatiente de la Primera Guerra Mundial, educado en la rígida moral victoriana, que llega en 1919 a un pequeño pueblo de Sierra Nevada donde la vida prácticamente no ha cambiado en siglos. Aunque soy eminentemente urbanita, no puedo evitar sentir cierta envidia en alguna ocasión de Brenan, que con veintitantos años se aísla en un pequeño pueblo con una pequeña pensión y varios miles de libros…

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También desde el mundo rural escribe Fermín Herrero, poeta soriano, de quien no había leído nada hasta ahora. Fuera de encuadre (Reino de Codelia, 2017) es su último poemario. El anterior, Sin ir más lejos, ganó el Premio Nacional de la Crítica el año pasado, lo cual siempre da cierta garantía de calidad. Sin embargo, este último no sé, no me ha acabado de convencer… siendo sincero, no he llegado a entrar en sus poemas. Quizá lo he leído demasiado rápido, no sé, o no era el momento… pero hay tantas cosas por leer que tampoco es necesario volver a insistir. Tal vez en otra ocasión…

Los poemas de la canaria Mercedes Pinto (1883-1976) son de una gran calidad, pero lo verdaderamente admirable de esta mujer fue su vida. Plasmó su terrorífica experiencia como mujer de un loco celoso que convirtió su vida en un infierno en la novela Él (1926), que sirvió de inspiración a una de mis películas favoritas de todos los tiempos, dirigida por Buñuel en 1953. Defensora activa de los derechos de la mujer, tras luchar por la implantación del divorcio y tener que salir de España ante la imposibilidad de separarse de un marido psicópata, consiguió rehacer su vida en Uruguay. En Cantos de muchos puertos (Torremozas, 2017) se reedita el libro homónimo de 1931, con un extenso prólogo que pone en su lugar a esta mujer, una de las menos conocidas y más reivindicables de la época.

Me gusta leer de vez en cuando a autores locales, a veces descubro cosas sorprendentes… aunque esta vez no ha sido el caso. Me llamaba mucho la atención la novela Preventorio (Dilatando mentes, 2017) de Carlos Samper. Lo de escribir una novela de terror ambientada en el famoso preventorio abandonado de Aigües, lugar por excelencia de peregrinación para los amantes de lo extraño en Alicante -aunque reconozco que nunca he ido…-, me parecía una idea extraordinaria. Además, tengo simpatía por la editorial alicantina Dilatando mentes, con su diseño recargado y un pelín cutre que despierta bastantes simpatías en mí. Pero la verdad es que el libro es muy flojo… Creo que al autor le ha faltado madurar un poco la novela, darle unas vueltas al argumento (todo resulta bastante predecible) pero sobre todo los fallos se notan en la redacción. Es una prosa muy plana, demasiado poco elaborada, que se hace fatigosa… pero bueno, como amante de las casas malditas, agradezco la idea y el esfuerzo del autor, y no estaría nada mal que alguien decidiera hacer una película de terror adolescente en este escenario…

Si hicieran esta película, yo escribiría sobre ella en la revista Teatro Marittimo, cuyo quinto y último número por el momento (Junio 2016) he leído también en las últimas semanas. Esta revista es probablemente lo mejor que se ha publicado en España sobre cine y arquitectura. El último número se titula La identidad de la ciudad, y en él destacan como siempre dos firmas: David Rivera (con un extenso artículo sobre las ciudades en las películas de Jason Bourne y sobre los paraísos totalitarios de las series The prisoner y Wayward Pines) y mi adorado Jesús Palacios, con un un onírico texto sobre la fascinación que ejerce sobre él la Praga mágica de Kafka, Svankmajer y Meyrink.

Seguimos…

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