DIARIO DE LECTURAS #06

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El gato encerrado (Pre-textos, 2010) de Andrés Trapiello es lo mejor que he leído en meses, tal vez en años. Así de claro. Primer tomo de su Salón de pasos perdidos, ese monumental proyecto que ya lleva más de veinte volúmenes, recoge las anotaciones personales del autor durante el año 87. No es exactamente un diario, mucho menos una novela. Trapiello es capaz de tomar un material tan común como su día a día (sus paseos, sus lecturas, su familia, sus obligaciones) y, con una mirada inteligente, serena y reflexiva, hacer el milagro de ofrecernos unas páginas llenas de vida. Cada pocos párrafos he marcado, he subrayado algo, y he terminado el libro con la seguridad de que, poco a poco, voy a ir sumergiéndome en el resto de volúmenes de esta obra.

He complementado esta lectura con un breve poemario del mismo autor, El gorrión y sus cómplices (Pre-textos, 2004). No es el Trapiello que prefiero, pero reconozco que tiene su mérito escribir hoy día poemas sobre pájaros y que el resultado sea tan profundo y delicado como este. A los que, como yo, tristes urbanitas, no sabemos distinguir un gorrión de un ruiseñor, nos produce envidia y admiración el conocimiento y sensibilidad que despliega Andrés Trapiello en estas páginas.

Siguiendo con estas obras que no son ni autobiografía ni ficción sino todo lo contrario, he empezado un libro con uno de los títulos más bonitos que puedo imaginar: Inventario de lugares propicios para la felicidad (Newcastle, 2016), de José Luis García Martín… y la verdad es que ha supuesto una gran decepción. El autor (o el narrador del libro, que tiene pinta de ser la misma persona, aunque quién sabe…) se dedica principalmente a mostrarnos lo mucho que viaja, lo culto que es, la cantidad de aventuras sexuales que ha tenido durante su vida… el libro, bastante breve, lo he dejado por la mitad. No digo que sea un mal escritor, pero es flojito y, sobre todo, me estaba resultando bastante antipático… quizá en otro momento lo coja con más ganas.

Unos días antes que los diarios y anotaciones de Trapiello leía también los ‘pecios reunidos’ de Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas (Debolsillo, 2016) y, aunque no puedo negar la brillantez en muchos aspectos de las palabras y el pensamiento de Ferlosio… tengo que decir que en más del 80% de las páginas su pedantería me ha resultado insoportable. Es curioso, porque hace un año leí Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, libro que está incluido aquí casi íntegramente, y me deslumbró la lucidez del autor, pero ahora mismo, al releer muchas de estas páginas… como que no, demasiados fuegos artificiales. No hay por qué comparar, pero si ponemos en un lado a Trapiello y en otro a Ferlosio… no hay color.

La obra ensayística de Ferlosio se ha encargado de recopilarla Ignacio Echeverría, que es precisamente quien también se encargó (y lo sigue haciendo) de poner orden a la cantidad de obra inédita que dejó Roberto Bolaño al morir. Jorge Herralde, el editor que sacó prácticamente toda su obra, publicó al poco de morir el chileno este breve librito titulado, precisamente, Para Roberto Bolaño (Acantilado, 2005). Reúne aquí varios textos y entrevistas escritos después de su fallecimiento. No seré yo quien ponga en duda el talento de Bolaño (solo he leído tres libros suyos: dos medianos, uno fabuloso) pero cansa un poco el hincapié de Herralde en la genialidad del autor… Reconozco que me parece un escritor magnífico, pero no siento excesiva simpatía por su persona. En cualquier caso, este librito me ha servido como calentamiento para ponerme, espero que en no demasiados meses, con 2666, la supuesta obra maestra póstuma bolañiana… veremos.

Hablando de Herralde, vamos con el último Premio Herralde de Novela, Andrés Barba. República luminosa (Anagrama, 2017) es el primer libro suyo que leo, y me ha parecido estupendo. Es una novela inquietante, que trata el tema, uno de mis favoritos, de la maldad infantil. Las referencias obvias, como El señor de las moscas o ¿Quién puede matar a un niño? están muy presentes, y como ellas, toda la narración tiene un halo de extrañeza que la emparenta con esa visión del género fantástico que más me interesa. Toda una sorpresa.

Reloj sin manecillas (Seix Barral, 2017), publicada en 1961, fue la última novela que escribió la gran Carson McCullers. No he encontrado aquí la profundidad y sensibilidad que demostró en otras de sus obras, como La balada del café triste, pero se trata de la obra de una gran escritora, que condensa todos sus temas (el gótico americano, el fin de una época, las tensiones sexuales y raciales) y se lee estupendamente, hasta para los que como yo, nos cuesta horrores terminar una novela.

El último libro de esta remesa me ha parecido fabuloso. Mierda de música (Blackie Books, 2017) es, evidentemente, la secuela / respuesta a Música de mierda, el imprescindible ensayo de Carl Wilson (Blackie Books, 2016). 12 escritores y periodistas nos presentan otros tantos textos sobre el tema del buen gusto musical (aunque puede aplicarse a cualquier otra disciplina), por qué algo tan inocente como una canción está bien o mal vista en según qué ámbitos, cuánto hay en ello de gusto personal y cuánto de presión social, etc. Me quedo, aunque ninguno baja del notable alto, con los textos de Rodrigo Fresán (sobre el grandísimo Raphael, a quien acertadamente relaciona con David Lynch… y sí, tiene sentido), Paul B. Preciado (sobre el ‘mal gusto lesbiano’, Javier Blánquez (sobre Enya, la artista que vende millones de discos… pero nadie ha conocido jamás a alguien que confiese haberlo hecho) o Nacho Vegas (sobre el clasismo ‘progre’). Recomendabilísimo.

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