DIARIO DE LECTURAS #09

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Poco nuevo que decir de Miguel Noguera. Su último libro, Clon de Kant (Blackie Books, 2018), es más de lo mismo. Es decir, es una absoluta obra maestra del humor más bizarro y delirante. De la poquísima gente que consigue hacerme reír a carcajadas. Eso sí, en libro mucho más que en directo. No todo el mundo tiene la suerte de ser capaz de entrar en su universo, pero si eres uno de los elegidos, nunca vas a poder dejar de disfrutar con sus cientos de ideas, a cual más absurda y extravagante. No estoy muy al día, ni me interesan especialmente, las nuevas corrientes humorísticas (el posthumor y todo eso). Ni me avergüenzo ni me enorgullezco de ello, pero hasta ahora no me ha pedido el cuerpo dedicar una hora de mi tiempo a escuchar La vida moderna, a leer la revista Mongolia, ni a buscar en youtube los vídeos de Venga Monjas. Conozco, pero no me apasiona, el humor de La hora chanante y derivados. Nacho Vigalondo tiene talento, pero me deja siempre la incómoda sensación de que se cree más listo que nadie… pero Noguera, amigos, es otra historia. Salvaje, refinado, brillante y brutal, su (creo que) sexto libro con Blackie es lo de siempre pero en formato más grande… se me cae la baba.

Se me cae la baba también con los dibujos de Milo Manara. No he leído muchos tebeos suyos, pero es uno de los grandes artistas de la historia del cómic. Creo que no está bien visto por las inquisidoras, por el tema de la hipersexualización del cuerpo femenino, blablabla (he leído que hace poco lograron censurar una portada suya para Spider-Woman), pero creo que cualquiera con un poco de alegría, sensibilidad y sentido del humor ha de quedar fascinado por sus dibujos (las historias, a veces, se quedan un poco atrás). Gulliveriana (Norma, 1996) es, por supuesto, una relectura de la sátira de Swift (que, por cierto, no he leído) con unos dibujos exquisitos, y un guion maravilloso, divertido y muy erótico.

Hablando de sexo, acabo de terminar, más de dos meses después de comenzarlo, El otro Hollywood, ‘una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno’ (norteamericano, habría que aclarar), de Legs McNeil y Jennifer Osborne (Es Pop, 2008). No hace falta que te interese especialmente el tema (a mí me interesan solo algunas de sus épocas, algunos de sus protagonistas) para disfrutar, por un lado de la titánica labor de recopilación y ordenación del material y por otro de las fascinantes (en muchos sentidos, para mal) historias que podemos leer. El libro, de casi 700 páginas, se articula en torno a las declaraciones en primera persona de decenas de los implicados. Comienza en los 50 y primeros 60, con los nudies de Dave Friedman y las pin-ups fotografiadas por Bunny Yeager, y termina en los 90, con el estallido del SIDA y el enterramiento definitivo del cine a manos de la industria del vídeo. Todo el mundo aporta su punto de vista aquí: de Linda Lovelace a Traci Lords, de los hermanos Mitchell a John Stagliano, de actrices y directores a periodistas y agentes del FBI. Una narración fabulosa, fantásticamente editada, como todo lo que publica Es Pop.

Cambiando bastante de tercio, El futuro de la humanidad (Edhasa, 1987) recoge dos diálogos entre el maestro espiritual Krishnamurti y el físico David Bohm. El contenido del libro me ha interesado, pero lo que me ha fascinado de esta lectura han sido las anotaciones casi compulsivas del anterior propietario, alguien recientemente fallecido a quien no conocí, con una biblioteca verdaderamente particular, y de la cual una decena de libros llenos de notas personales ha caído hace poco en mis manos. Espero que en un futuro, cuando yo no esté, alguien se sienta atraído por lo que quede de mi biblioteca y se pregunte quién sería ese extraño tipo que mezclaba una historia del cine porno con las conversaciones filosóficas entre un gurú indio y un científico británico.

De Fleur Jaeggy no sabía nada hasta hace unos meses. El extraño nombre, la brevedad de sus libros, una recomendación encarecida y el descubrir que había colaborado en algún disco de Franco Battiato, me abrieron el apetito. Los hermosos años del castigo (Tusquets, 2018), publicado originalmente en 1989, es el primer libro suyo que leo. No sé si novela o autobiografía, la narradora rememora sus años adolescentes en un internado suizo. Todo muy frío y muy intenso, muy gélido, muy ‘de los Alpes’. Los internados son siempre un buen escenario para una novela o una película. Independientemente de lo que suceda en ellos, dejan siempre una sensación de soledad, de sufrimiento, de irrealidad. Jaeggy, con su aspecto a la vez de duende simpático y de terrible gobernanta, nos ofrece un libro de los que me gustan, de esos que, como dice Joseph Brodsky en el texto de la contraportada, su lectura dura cuatro horas pero su recuerdo toda la vida.

No sé si toda la vida, pero son ya muchos años siendo fan absoluto de Luis Alberto de Cuenca. En este volumen publicado hace unos meses se recogen tres poemarios de su período más oscuro: Elsinore, Scholia, Necrofilia (Reino de Cordelia, 2017), que fueron publicados en 1972, 1978 y 1983 respectivamente. Forman, junto con Los retratos (1971), la primera etapa del autor, la más culturalista y cercana a eso que la crítica llamó, de manera un poco artificial, los novísimos, y que es, todo hay que decirlo, la etapa que menos me interesa del autor. A partir de La caja de plata (1985), De Cuenca apostó por la línea clara, regalándonos hasta hoy una decena de poemarios fabulosos. Pero a lo que íbamos, este libro, con un extenso estudio preliminar de 120 páginas, nos permite leer de una manera rigurosa, completa y contextualizada estas primeras obras que el poeta dedicó a Rita Macau, su exnovia, fallecida en accidente de coche con apenas veinte años y cuyo recuerdo se ha mantenido vivo hasta hoy a través de los poemas que no ha dejado de dedicarle (“Leer a William Shakespeare y conocer a Rita / han sido los dos hechos cruciales de mi vida”, escribió en un poema publicado cuarenta años después de su muerte).

Para complementar esta lectura he releído El otro sueño (Renacimiento, 1987), uno de mis libros favoritos del autor, ese que finaliza con el luminoso poema titulado

LA FIESTA

Todo está preparado: las antorchas humanas,
el caviar, el salmón, la coca, los faquires,
la naumaquia, el desfile de misses alienígenas,
los viajes a la luna con Cyrano y Münchhausen,
la pelea entre fieros hologramas desnudos,
la jaula con Spiderman y Hulka entrelazados,
todas las atracciones que apetece ver juntas.
Y tú estás a mi lado, y contigo sí tiene
sentido divertirse. ¡Que suenen las trompetas
y comience la fiesta que acabo de soñar!

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