DIARIO DE LECTURAS #13

IMG_20180531_180324

Sigo enfrascado y fascinado con Twin Peaks. En el descanso entre la segunda y la tercera temporada he aprovechado para devorar La historia secreta de Twin Peaks (Planeta, 2016), de Mark Frost, creador de la serie junto con David Lynch. Es un libro sorprendente e inclasificable. Simula ser el dosier encontrado en el escenario de un crimen, entregado a un agente del FBI, en el que se nos narran acontecimientos relacionados con el pueblo desde sus orígenes. A la vez que nos sirve para profundizar en los personajes de la serie, es un fascinante recorrido por la otra historia de los Estados Unidos, en especial por la era dorada de la ufología. Junto al doctor Jacoby, los Packard, los hermanos Milford y demás fauna twinpeaksiana, encontramos personajes ‘reales’ como Richard Nixon, Jack Parsons o Ron Hubbard. Imprescindible. Y ahora, a por la tercera temporada.

Si hablamos de esa cara b de la historia norteamericana reciente, uno de los arquetipos más profundamente arraigados es el del predicador loco. Su iconografía está presente en multitud de novelas, cómics y películas (de La noche del cazador a Sangre sabia, de El fuego y la palabra a Predicador…). Por desgracia, Jim Jones no fue un personaje de ficción. Este líder espiritual llevó a la muerte más o menos voluntaria en 1978 a casi mil personas mediante el suicidio masivo más escalofriante de las últimas décadas. Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico (La Felguera, 2011) recoge el discurso que pronunció antes de morir (y de matar) y un par de ensayos sobre este tipo siniestro y carismático. Fabuloso, como todo lo que edita La Felguera.

Por poner un poco de luz ante tanta oscuridad, vuelvo a traer a William Carlos Williams, de quien escribí hace poco aquí mismo. Antología poética (Alianza, 2018) es una estupenda muestra de la poesía de prácticamente todos sus libros, exceptuando los del ciclo de Paterson. No puedo decir que me encante, pero siento un fuerte interés por el personaje y por su obra, y tengo ganas de seguir introduciéndome poco a poco en esta última.

En la ciudad líquida (Caballo de Troya, 2017), de Marta Rebón no solo es un libro imprescindible para entender las relaciones entre escritura y ciudades, sino que es también uno de los mejores libros que he leído en muchísimo tiempo. La autora, traductora al español de un buen número de autores rusos (Bulgákov, Gógol, Grossman, Nabokov, Pasternak, Tolstói…) nos trae aquí un libro de ese género híbrido, mi favorito, a caballo entre las memorias, el libro de viajes, la reflexión sobre el oficio de escribir y el de traducir y el homenaje a una serie de autores que en muchos casos tuvieron en la escritura el único reducto de libertad de sus vidas, sometidas a la barbarie estalinista. La autora nos acompaña en este recorrido por una serie de ciudades rusas, con el fantasmal San Petersburgo a la cabeza, aunque también recorremos gracias a ella Oporto, Quito o Tánger. Lo vuelvo a decir, uno de los mejores libros con que me he topado en meses.

Siguiendo con viajes y ciudades, en Mediterráneos (Anagrama, 2018) se reúnen una serie de crónicas que Rafael Chirbes escribió para la desconocida -al menos para mí- revista Sobremesa en las décadas de los 80 y 90. Son artículos sobre, evidentemente, una serie de ciudades mediterráneas (Valencia, Estambul, Venecia, Alejandría…). En mi opinión Chirbes no logra aquí la perfección de algunas de sus novelas, pero siempre es un placer pasearse por la prosa de este grandísimo autor.

Cambiando de tercio, pero sin salir de las reflexiones sobre el espacio urbano, László F. Földényi nos ofrece en Los espacios de la muerte viviente (Galaxia Gutenberg, 2018) un inquietante ensayo donde relaciona de manera certera e insospechada varios temas que me interesan: las utopías literarias y arquitectónicas de Moro, Boullée o Ledoux, el Panóptico de Bentham, los proyectos urbanos de los grandes genocidas del siglo XX y la obra de pintores como De Chirico o de escritores como Kafka. Uno de esos libros que me hubiese gustado escribir. Y, encima, de esos que se leen en una tarde.

Y termino con un superhéroe al que tenía parcialmente olvidado: Thor. En La muerte de Loki (Forum, 1998) Tom DeFalco y Ron Frenz continúan las aventuras del dios nórdico en la época en que su identidad humana era la del arquitecto neoyorquino Eric Masterson (después convertido en Thunderstrike, un lío). Aunque mi cerebro muchas veces es incapaz de procesar toda la información de los cómics de Marvel, y en esta ocasión la excesiva aparición de personajes a los que no conozco me ha llegado a aburrir, la lectura de este cómic ha hecho que me vuelva a picar el gusanillo de seguir escribiendo sobre arquitectos de ficción… ¿quizá una segunda parte de Quiméricos constructores? Quién sabe…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s