LA PRIMERA IMAGEN

La primera imagen - invitacion

TEXTO ESCRITO PARA LA EXPOSICIÓN ‘LA PRIMERA IMAGEN‘ DE JAVIER GARCÍA HERRERO EN PYNCHON&CO. DEL 10 DE MAYO AL 15 DE JUNIO

I

La primera imagen es la que cuenta. La primera impresión que recibimos -de algo o de alguien- siempre es la que nos marca más fuertemente. Lo decía Cat Stevens. First cut is the deepest. El primer corte es el más profundo. El que más duele.

A la tercera nunca va la vencida. La primera es la buena. O la mala. Después, todo se repite. Variaciones sobre el mismo tema. Versiones. Diversiones. Perversiones. El eco. El eterno retorno. Lo dijo el filósofo: lo que no es tradición es plagio. Nada nuevo bajo el sol. Una y no más, Santo Tomás. Que me quede como estoy.

La primera. A partir de ahí, los matices, las lecturas, los grados, los giros que queramos. Aunque nos desdigamos. Aunque nos retractemos. Aunque juremos que jamás pensamos aquello, la primera imagen siempre es la que cuenta.

II

Existe un prejuicio muy extendido que es el de considerar que los prejuicios, en general, son negativos.

Me explico. Hay prejuicios y prejuicios. No podemos justificar a quienes afirman que los de tal raza son unos ladrones o que los de aquella profesión son unos sinvergüenzas. Mucho menos podemos defender a quienes no solo lo piensan sino que actúan en consecuencia. Pero no vamos por ahí.

En general, los prejuicios fruto de la experiencia, del razonamiento o del instinto nos ahorran tiempo, dinero y disgustos. Cuando se tiene cierto bagaje, por muy ecléctico que sea nuestro gusto o muy abierta nuestra mente, disponer de un primer criterio de descarte o de elección suele resultar el método más rápido de no errar el tiro. Queramos o no, debemos guiarnos por nuestros prejuicios si estos han demostrado ser lo suficientemente fiables.

Cada uno tenemos los nuestros. Nos sirven de guía. Para seguirlos o para huir de ellos.

III

Juzguemos la obra, no al autor. No juzguemos al autor. Pero juzguemos su rostro. Más bien, ¿podemos separar uno y otra, autor y obra? ¿Tendrían el mismo sentido los libros de Bolaño si en vez de esa cara de colgado simpático y fumador hubiese tenido la expresión seria y educada de Vargas Llosa? ¿Podemos leer a Virginia Woolf sin recordar una y otra vez su expresión triste e inteligente, aunque no la hayamos visto nunca? Alguien que hace las películas de Buñuel, tiene que tener la cara brutalmente sincera de Buñuel. Quien escribe como Fleur Jaeggy solo puede tener el rostro sin edad de Fleur Jaeggy. Eso es así, nos guste o no. Y nos gusta.

IV

Los ojos son el alma del rostro. La cara es el espejo del alma. Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de hombres, decía Borges que decía Bioy. ¿Son las caras abominables? Algunas sí.

Los espejos -los rostros- son de los pocos objetos mundanos que aún conservan cierta magia. La madrastra de Blancanieves (espejito, espejito) bien podría ser Alicia Liddell con unos años más. Preguntemos a Borges. Preguntemos a Carroll. Ambos están presentes en esta sala.

V

Lo que estoy tratando de decir, en fin, es que, aunque siempre hay excepciones, el hábito sí suele hacer al monje, la mayoría de veces sí debemos juzgar un libro por sus tapas y, sobre todo, la primera imagen siempre, siempre es la que queda.

Esta exposición de Javier García Herrero nos lo demuestra.

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