DIARIO DE LECTURAS #16

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A veces da vértigo revisar fechas. Si pienso en el momento en que descubrí la rumba, probablemente el género musical al que más fiel he sido, veo que ha pasado exactamente la mitad de mi vida, es decir 18 años… En ese tiempo el panorama ha cambiado mucho. De ser considerada, en el mejor de los casos, como un género menor, una anécdota sin importancia, una curiosidad para turistas y poco más, se ha pasado a una reivindicación apasionada y razonada de la que puede considerarse quizá nuestra más auténtica música pop: música urbana, ligera y bailable que bebe tanto del flamenco como de los ritmos tropicales o el rocanrol primigenio. A estas alturas no hace falta insistir mucho en ello, y está bastante claro que Peret, Los Amaya, Bambino o Las Grecas (por citar ejemplos muy diversos) son figuras fundamentales de nuestra historia musical. Txarly Brown, uno de los principales profetas de la religión rumbera, publicó hace unos años este fabuloso Achilibook. Biografía gráfica de la Rumba en España 1961-1995 (Milenio, 2013) en el que, además de una jugosa introducción y biografías de los artistas más representativos, nos ofrece más de mil carátulas de vinilos rumberos ordenadas cronológicamente, que sirven para poner algo de orden en el caos y para reivindicar la parte gráfica, con unos diseños que van de lo excelso a lo abominable (y, muchas veces, en lo más abominable encontramos precisamente la mayor excelsitud).

Mientras en una Barcelona gitana y mestiza surgían y brillaban las estrellas del firmamento rumbero, en otra parte de la ciudad desfilaban otras figuras más cercanas al jipismo, a la contracultura, a la disidencia política o a las vanguardias artísticas. Pau Malvido (seudónimo de Pau Maragall, hermano del alcalde Pasqual Maragall), que vivió todo ello en primera persona, escribió unas crónicas en los últimos 70 que fueron publicadas por la revista STAR. Nosotros los malditos (Anagrama, 2004) recoge dichas crónicas y algunos textos adicionales, como esas entrevistas sin desperdicio a Pau Riba o a Víctor Jou (propietario de la sala Zeleste). Conocí este libro, como tantas cosas en las últimas semanas, gracias a Jordi Costa. Su Cómo acabar con la contracultura sigue dando frutos…

Me da la impresión de que mis últimas lecturas me van iluminando y dando pistas para guiarme por esa Otra Historia de España que tanto me ha interesado siempre. El siguiente libro, Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos (La Felguera, 2014), tiene una única pega: lo engañoso del título. Y es que el protagonismo del barbudo modernista en esta historia es anecdótico… El libro -uno de esos fabulosos collages de texto e imágenes a los que nos tiene acostumbrados la editorial madrileña- recoge la historia de Argamasilla, supuesto médium que en los años 20 realizó una serie de inequívocas demostraciones de su poder: era capaz de ver a través de los objetos, leyendo mensajes previamente introducidos en cajas cerradas. El país se dividió entre detractores y defensores del vidente (uno de estos últimos, Valle-Inclán), y todo parecía ir bien hasta que se topó con el mismísimo Houdini, el famoso escapista experto en desmantelar a farsantes que hacían pasar por poderes sobrenaturales lo que no eran más que trucos de feria… El libro entero es una delicia. Además de la introducción de la gran Grace Morales, y de un texto largo, erudito y divertido de Ramón Mayrata, contiene numerosa documentación de la época, y nos teletransporta a aquellos años 20 en los que todo parecía posible.

He estado leyendo también estas semanas los dos últimos números, el 8 y el 9, de Agente Provocador (La Felguera, 2018). Como siempre, un impagable desfile de otredades y rarezas: ovnis franquistas, brujas mexicanas, anarquismo parisino, arte extremo, bohemia madrileña, leyendas bolivianas…

Y por último, una novela archiconocida que me ha sorprendido mucho, y para bien. Carrie (Plaza & Janés, 1991), de Stephen King. Un autor tan prolífico imagino que tendrá de todo, pero tengo que reconocer que, de los cuatro libros suyos que he leído, tres me han parecido estupendos y uno bastante interesante. Ya quisieran muchos escritores reconocidos que pudiera decir eso de ellos… Total, que como decía, Carrie me ha encantado, sobre todo la primera mitad. No hay que leerla como una novela de terror. Mejor dicho, sí que es una novela de terror puro, pero donde la propia Carrie es la víctima y su fanática madre y sus crueles compañeras de colegio son las auténticas causantes de la tragedia… La traducción se nota algo anticuada, o directamente incorrecta (se repiten palabras como ‘telecinesia’, o ‘tapones’ en vez de tampones…) pero el libro es una delicia, con una estructura muy inteligente y efectiva (la acción avanza narrada a través de fragmentos de libros, de diarios, de prensa, de informes policiales…) y una descripción de personajes como solo un maestro como King es capaz de hacer.

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