DIARIO DE LECTURAS #18

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Durante mi adolescencia, o como se llame ese extraño período que va entre los 14 y 18 años aproximadamente, Joaquín Sabina fue mi cantante favorito. Tenía (y me sabía de memoria) todos sus discos, todas sus canciones. Tras muchos años entregando canciones sobresalientes en discos mediocres o pasables, alcanzó la culminación de su arte en esa obra maestra que se llamó 19 días y 500 noches, de 1999. Y ahí, más o menos, fue donde me quedé. Después, llegó el olvido. Mi gusto musical fue ampliándose y alejándose de sus coordenadas, y hasta le llegué a coger cierta manía. De fan declarado pasé a exaficionado hastiado, y de ahí a la nada. Así que en ese estado he empezado a leer Sabina Sol y Sombra (Efe Eme, 2017), de Julio Valdeón… y he quedado deslumbrado. Creo que es, probablemente, el mejor libro sobre música que he leído jamás. El mejor escrito. El que presenta una estructura más inteligente. Valdeón realiza una disección de la vida y obra del cantautor desde el conocimiento, respeto y amor hacia su obra, pero con un profundo sentido crítico y huyendo de la inútil hagiografía. Ha conseguido que, a estas alturas, vuelva a escuchar muchas de sus canciones, y a interesarme por sus últimos trabajos, a los que no había prestado atención. Todos mis respetos y mi gratitud hacia Julio Valdeón, hacia Sabina y hacia este libro.

Durante décadas Sabina vivió de noche, como un vampiro madrileño y alcohólico. De vampiros (cinematográficos) escribe mi, este sí, por siempre idolatrado Jesús Palacios, amo y señor del Otro Lado, sumo sacerdote del Cine Oscuro, en este librito titulado ¡A mordiscos! (Semana Negra de Gijón, 2008). En él hace un rápido repaso por la Edad de Oro del cine fantástico mexicano a través de la figura de Germán Robles, actor español exiliado, que protagonizó una serie de fabulosas películas en el país azteca. Es otro tema que por desgracia tengo algo olvidado, pero volver a ver sobre un papel nombres como los de Fernando Méndez, Federico Curiel o Chano Urueta, me ha producido una sensación entre felicidad y melancolía de lo más agradable… y me he hecho la promesa, que probablemente incumpliré, de volver a ver pronto maravillas del fantástico más chingón como La maldición de la momia azteca (1957), El ataúd del vampiro (1958) o La cabeza viviente (1961), que más allá del toque trash con que puedan ser vistas hoy día son excelentes muestras de un cine más que digno a pesar de los pocos recursos con que fueron rodadas.

Nos adentramos un poco (tampoco demasiado) en el terreno de la conspiración con Ovnis en España (Año Cero, 2002) de Bruno Cardeñosa, en el que el autor hace un repaso a algunos de los expediente X que el Ejército del Aire de nuestro país desclasificó en 1992. Como demuestra Cardeñosa la explicación a la mayoría de los avistamientos OVNI que han ido dando nuestros sucesivos mandos militares son un gran cúmulo de incoherencias y falsedades. Por miedo, por ignorancia o por el motivo que sea, es evidente que hay todavía mucha información que no se ha querido que salga a la luz pública.

Quien es un verdadero misterio, y uno de mis descubrimientos recientes (descubrimiento para mí, claro, ya que millones de personas ya la siguen desde hace tiempo) es Esty Quesada “Soy una pringada”. Como tantas cosas, me la ha descubierto Jordi Costa en su Cómo acabar con la contracultura, del que ya escribí y hablé aquí hace poco. Freak (Hidroavión, 2017) es su primer libro, y me ha parecido, si me permite Calamaro que le robe la expresión, de una honestidad brutal. Esty cuenta sus primeros años de vida, el acoso escolar al que fue sometida en el colegio, la falta de cariño en su familia, sus ganas de quitarse la vida siendo solo una niña, las primeras amistades adolescentes, el primer amor. Pese a esa coraza con la que se viste siempre, estas páginas -se nota en seguida- han sido escritas por una persona profundamente sensible y vulnerable. Además, y pese al poco interés que tengo por la actualidad, me resulta agradable la sensación de interesarme y admirar, aunque sea muy de vez en cuando, a gente bastante más joven que yo.

Otra mujer fuerte que tras haber sufrido experiencias terribles (en su caso, una violación) y que en vez de hundirse (que sería totalmente lógico) ha usado este trauma para salir adelante y construirse su propia personalidad combativa e independiente es Virginie Despentes. Teoría King Kong (Random House, 2018) es ya un clásico del feminismo reciente. Cada vez siento más entre rechazo e indiferencia hacia cierto feminismo más o menos “oficial”, demasiado inmovilista, polarizado, acrítico y ruidoso. Por suerte, aunque en muchos aspectos no esté de acuerdo con ella, en este libro Despentes desmuestra al menos tener un pensamiento propio, con posiciones a veces polémicas en torno a temas como la pornografía o la prostitución. Se lee estupendamente, y creo que su corta extensión y lenguaje asequible lo hacen idóneo para quienes como yo nos sentimos interesados pero algo saturados por el tema.

Por último, y para seguir abonando el terreno a ese proyecto que tengo en la cabeza (y que no sé si dará frutos… pero bueno, qué más da) he leído el número 218 de la revista de cine Versión Original (2013), en este caso dedicado a la Arquitectura. Una veintena de artículos de calidad muy desigual sobre películas como El manantial (1949), Tierra de faraones (1955), Mi tío (1958), Suspiria (1977) o Cube (1997), por citar solo algunas obras fundamentales para entender la relación entre ambos medios.

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