VIVIR RODANDO #219: SAGA «NACIONAL» DE BERLANGA Y AZCONA

LGB. Fotografía de Fulvia Farassino

Este 2026 se celebra el centenario de Rafael Azcona, muy probablemente el guionista más importante de la historia de nuestro cine. Es cierto, y no pasa nada por decirlo, que, aparte de todas las colaboraciones con Berlanga, a uno le interesan especialmente sus primeros guiones (El pisito, Se vende un tranvía, El cochecito, Mafioso, La donna scimmia) pero le deja frío la profesionalidad de sus colaboraciones con Saura o, directamente, le sonrojan algunas de sus últimas colaboraciones con José Luis García Sánchez.

No somos aquí muy amigos de celebrar centenarios, aniversarios ni otro tipo de efemérides, así que sirva esta charla como homenaje a Azcona, por supuesto, pero también y principalmente al, para mí, mejor cineasta de nuestra historia (además de una persona que me resulta profundamente cercana y simpática), Luis García Berlanga.

Berlanga, «fanfarrón inverso», como le gustaba definirse, pesimista y bon vivant, provocador y burgués, anarquista y liberal, tiene el curioso honor de haber dado origen al adjetivo berlanguiano, admitido por la RAE y el más alto aún honor de habernos proporcionado decenas de horas de felicidad a lo largo de nuestra ya medianamente larga existencia.

En nueve películas y media, y casi treinta años de colaboración, director y guionista nos deleitaron con una serie de obras tremendamente divertidas, aparentemente anárquicas y cargadas de humor negro y humanidad. Son estas: Plácido (1961), La muerte y el leñador (1962), El verdugo (1963), La boutique (1967), Vivan los novios (1970), Tamaño natural (1974), La escopeta nacional (1978), Patrimonio nacional (1981), Nacional III (1982), La vaquilla (1985) y Moros y cristianos (1987).

En este programa de Vivir rodando, número 219 nada menos, Raúl Cornejo y un servidor nos centramos en analizar (bueno, no, en divagar) sobre esa saga (lo prefiero a trilogía) protagonizada por los marqueses de Leguineche y compuesta por La escopeta nacional, Patrimonio nacional y Nacional III y que casi casi tuvo una cuarta entrega, ¡Viva Rusia!, que, aunque no llegó a ser llevada a la pantalla, tenemos la suerte de poder leer el fantástico guion editado en 2022 por la muy azconiana editorial Pepitas de calabaza.

El valle de Gwangi (1969)

Una reciente visita a Cuenca me hizo recordar El valle de Gwangi (The Valley of Gwangi), un entretenidísimo western con dinosaurios rodado en tierras españolas. Weird Western en estado puro, no me resisto a copiar las palabras del amigo Carlos Aguilar: «Es mala, indiscutiblemente. […] La protagonizan unos actores muy flojos […] según un guion en exceso burdo, con un trazado de personajes absolutamente repelente. Sin embargo, The Valley of Gwangi, a su manera, deleita. […] una anomalía ingenua, en todos los sentidos, y adorablemente extemporánea» [1]. ¿En qué quedamos, Carlos?

Total, que nada más llegar a esta ciudad, al toparme con la Catedral recordé esa escena final en la que el adorable dinosaurio, creado nada menos que por el genial Ray Harryhausen, ataca esta joya de la arquitectura gótica:

Por otra parte, Cuenca se ha hecho famosa en las últimas décadas por albergar una de las colecciones más importantes de arte abstracto español. He de decir que en general este arte me ha parecido siempre terriblemente sobrevalorado y falto de interés. Tras la visita al Museo de Arte Abstracto Español, mi opinión… no ha cambiado. Yo lo siento pero no consigo entender la fascinación que sobre tanta gente ejerce la obra de Tàpies, Guinovart, Millares, Cuixart y compañía. El único valor que he encontrado ha sido a un par de obras que creo que podrían servir perfectamente como carteles de películas:

Luis Feito. Número 460-A (1963)

Antonio Saura. Geraldine dans son fauteuil (1967)

[1] AGUILAR, CARLOS (2025). American Western en España. Desfiladero (pp. 184-186)

VIVIR RODANDO #215: TRILOGÍA IBÉRICA DE BIGAS LUNA

Compuesta por dieciséis largometrajes, la obra cinematográfica del polifacético Bigas Luna (1946-2013) nos despierta cada vez más admiración y simpatía. Pese a sus altibajos y sus constantes cambios de tono y estilo, su cine es una coherente e intensa reflexión sobre temas como el deseo, los sentidos, la mirada o los celos. Tras una primera etapa dominada por un cine, digamos, incómodo -recordemos delicias no aptas para todos los paladares como Bilbao (1978), Caniche (1979), o Angustia (1987)- a principios de los años noventa compone la que tal vez sea la etapa más perfecta de su carrera, en la que lleva sus obsesiones al límite a la vez que consigue conectar con un público amplio. Es el momento en que rueda lo que llamó, con acierto, su «Trilogía ibérica«, compuesta por Jamón, jamón (1992), Huevos de oro (1993) y La teta y la luna (1994). (Uno, por cierto, no puede evitar ampliar la trilogía ibérica a «tetralogía latina» o «mediterránea», incluyendo la inmediatamente posterior Bámbola (1996), que tanto se emparenta con las anteriores).

Con la mirada puesta en Buñuel, Berlanga y Fellini pero también en Marco Ferreri y Tinto Brass; con los sabores y olores del jamón, por supuesto, pero también de la paella, del ajo y del pa amb tomaca; con Julio Iglesias compartiendo banda sonora con Édith Piaf y algo de techno; con el toro de Osborne, el hotel Bali y las playas de Tarragona presentes en los fotogramas, con unos repartos corales en los que lo mismo vemos a unos primerizos Javier Bardem o Penélope Cruz que a viejos lobos como Juan Diego, o divas foráneas como Stefania Sandrelli, Maria de Medeiros o Mathilda May; con todos estos y muchos más mimbres, en fin, el catalán Bigas Luna nos ofreció estas películas en las que hoy, a más de tres décadas de su estreno, seguimos encontrando suficientes razones para sentarnos a charlas sobre ellas.

Y eso es precisamente lo que hicimos Raúl Cornejo y un servidor en esta nueva entrega de Vivir Rodando. Se puede escuchar el programa en: iVoox | Spotify | Apple Podcasts | YouTube o, como siempre, desde la web del programa:

VIVIR RODANDO #213: ATÚN Y CHOCOLATE

Con Atún y chocolate (2004), su primera y por desgracia única película como director, el músico, showman, actor, humorista, escritor y reportero Pablo Carbonell se reveló como un auténtico creador cinematográfico. Con un estilo y un tono que beben a partes iguales de la comedia clásica italiana (De Sica, Monicelli, Risi) y de las mejores cintas de los británicos estudios Ealing, pasando por ese glorioso díptico berlanguiano formado por Calabuch (1956) y París-Tombuctú (1999), y sin olvidarnos de las curiosos paralelismos con Matías, juez de línea (La cuadrilla, 1995), la película de Carbonell se inscribe junto con todas ellas en el delicioso subgénero de «películas en las que uno se quedaría a vivir».

Con un reparto en estado de gracia, encabezado por el propio director, al que siguen una magnética María Barranco, un sublime Antonio Dechent y un irreconocible Pedro Reyes, Carbonell quiso dejar atrás ese Madrid de moderneo en el que se dio a conocer, volviendo a sus orígenes gaditanos. Con sus lógicas imperfecciones, a las más de dos décadas de su estreno (volver a) ver hoy Atún y chocolate resulta una experiencia tan entrañable como amarga, al hacernos pensar en lo que seguramente habríamos ganado si Pablo Carbonell hubiese conseguido rodar más películas.

A esta película, y al propio Pablo Carbonell, dedicamos este programa de Vivir Rodando, el podcast de Raúl Cornejo en el que tengo una vez más el placer de colaborar.

Se puede escuchar el programa en: iVoox | Spotify | Apple Podcasts | YouTube

VIVIR RODANDO #212: CARNE PARA FRANKENSTEIN / SANGRE PARA DRÁCULA

Entretenido en otros menesteres, hacía ya unos cuantos (demasiados) meses que no me animaba a colaborar en Vivir Rodando, el nunca lo suficientemente valorado podcast de Raúl Cornejo.

La relativamente reciente muerte del actor alemán Udo Kier (1944-2025) nos ha servido como excusa para volver a juntarnos. En esta ocasión aprovechamos las ganas que teníamos de revisar las dos joyas que el alemán rodó en 1973 a las órdenes del neoyorquino Paul Morrissey: Flesh for Frankenstein y Blood for Dracula.

Bajo la advocación del inefable Andy Warhol, Morrissey logró crear dos maravillosas gemas del cine europeo cargadas de humor, erotismo y horror y que, cinco décadas después de su estreno, siguen tan frescas y deliciosas como el primer día.

A lo largo de cerca de dos horas Raúl y un servidor usamos como excusa estas dos obras para charlar acerca de mil y una cuestiones que nos fascinan.

El programa se puede escuchar en iVoox | Spotify | Apple Podcasts | YouTube

Las chicas del tanga (Jesús Franco, 1983)

Sin duda ha sido una grata sorpresa el hecho de haber encontrado de manera casual a la heredera natural de las cintas benidormenses de Lazaga, Ozores y compañía donde menos lo esperaba: en esta rara avis de la filmografía de Jesús Franco. Rodada en 1983 (al menos, el depósito legal de la cinta es realizado en dicho año, aunque con el bueno de Jess nunca se puede poner la mano en el fuego…), es bastante probable que la cinta no fuese estrenada hasta 1987.

Pese al título totalmente engañoso, nos encontramos con una comedia bastante inocentona, con algún puntito picante, sí, pero apta para todos los públicos (bueno, ni de lejos gustará a todos los públicos… pero creo que se me entiende). No me extenderé en el argumento; para ello se pueden consultar las acertadísimas reseñas del imprescindible Álex Mendíbil y el para mí desconocido Joldi Lius en sus respectivos blogs. Lo que me interesa aquí, como siempre, son las localizaciones. Y es que la película no solo es rodada íntegramente en Benidorm (un Benidorm de finales de verano, con menos gente de lo habitual y ese puntito de melancolía que siempre trae septiembre) sino que prácticamente no hay fotograma en que no disfrutemos de un edificio, una calle, un pasaje, una playa o una vista de la ciudad:

También vemos numerosas imágenes de ese fascinante Benidorm la nuit que hoy día se ha convertido en un vertedero de guiris borrachos, pero que en esos años todavía tenía cierta gracia:

En una película rodada en Benidorm, no podía faltar la icónica escena en el mirador, y en la plaza de la iglesia:

Pero sin duda, lo más interesante para nosotros es el personaje de Phillip, turista holandés que, como dice la voz en off que inicia y cierra la cinta, «parece interesarse de un modo especial por la caótica arquitectura de la ciudad»:

Y es que Phillip (Juan Soler) es un arquitecto que está en Benidorm documentando los, a su juicio, más desastrosos ejemplos de arquitectura levantina. Huelga decir que no compartimos dicho juicio. Entre los ejemplos que Phillip fotografía una y otra vez están el Hotel Titanic (creo que desaparecido hoy día), el Centro Comercial La Noria y la icónica Torre Benidorm, obra tardía de Juan Guardiola Gaya.

Hotel Titanic

CC La Noria

Torre Benidorm (1971-75)

Es impagable precisamente la escena en la que Phillip está tomando notas sobre este último edificio y tiene este diálogo con un tipo autóctono interpretado por el habitual Antonio Mayans:

-Eh, amigo, ¿qué miras?
-La estructura de ese edificio.
-¿Por qué?
-Porque es caótica, horrible.
-Pero bueno, ¿ya empezamos? Vienen ustedes aquí a gastarnos nuestro sol y lo único que hacen es criticar. ¿Y usted qué sabe?
-Soy arquitecto y estoy escribiendo una tesis sobre la mala aplicación de la arquitectura moderna en esta ciudad.
-Pero qué le ve usted de malo a esto? Pero si es precioso.
-Mire esto. ¿Le gusta?
-Tiene su aquel, tiene originalidad. A mí me gusta (…) ¿Y en su país no hay casas costrosas?
-No tan horribles.

Desde luego, y aunque esta torre palidece si la comparamos con otras obras del mismo arquitecto de solo unos años antes (el edificio Vistamar, la Urbanización La rotonda, el Residencial La chicharra), pocas veces hemos visto un manifiesto tan demoledor acerca de la arquitectura costera como en esta insospechada mezcla del Berlanga más sainetesco con el Almodóvar más festivo dirigida por el cineasta más inclasificable de nuestra cinematografía: Jesús Franco.

ADENDA, 01 de enero de 2026:

Por casualidad, visitamos de nuevo Benidorm el día de año nuevo, y lo primero con lo que nos tropezamos es con el Centro Comercial La Noria (estaban casi todos los locales cerrados, pero la fisonomía era idéntica a la que se muestra en la película). Junto a él, la famosa Torre Benidorm:

VIVIR RODANDO #207: CELEBRANDO A MARIANO OZORES

Como no nos gusta demasiado la necrofilia crítica, y con la tranquilidad que da saber que llevamos mucho tiempo celebrando y disfrutando del cine de Mariano Ozores, dedicamos una sesión más de Vivir Rodando, el extraordinario podcast de Raúl Cornejo, a la figura de este cineasta, de quien nos hemos ocupado en tantas ocasiones. Aunque Raúl ha titulado el programa «Despedida a Mariano Ozores», me permito cambiar el título a «Celebrando a Mariano Ozores», pues esta hora y pico de conversación esperemos que entretenida y nada trascendental no pretende ser otra cosa que una celebración más que una despedida, en el sentido de que su cine nos seguirá acompañando y deleitando por mucho tiempo.

Esta vez tomamos como excusa el inicio y el final de su carrera cinematográfica: Las dos y media y veneno (1959) y Pelotazo nacional (1993). En medio, casi cien películas buenas, malas y regulares que en conjunto forman uno de nuestros patrimonios cinematográficos más personales y reconocibles y, por supuesto, auténtico cine de autor, signifique esto lo que signifique.

Se puede escuchar en la web de Vivir Rodando, en iVoox, en Spotify, Apple Podcasts y en Youtube:

Alegre juventud (Mariano Ozores, 1962)

En 1962 Mariano Ozores realiza, entre varias otras películas, Alegre juventud, una comedia melodramática ambientada en un seminario, y que se encuentra entre las obras más curiosas de su filmografía. En ella se nos cuenta las tribulaciones de varios jóvenes seminaristas, unos con más y otros con bastante menos vocación. En un momento de la película uno de ellos, Luis (Manuel Gil), recibe la visita de su antigua novia, Alicia (Elisa Montés), y tiene lugar este diálogo:

Alicia: Es muy bonito esto. No se ajusta a la idea que yo tenía de un seminario.
Luis: Es muy difícil desde fuera hacerse una verdadera idea de lo que es un seminario. Y no me refiero a su aspecto arquitectónico.

Pues si traigo aquí esta película es precisamente por esto, por el aspecto arquitectónico del dichoso seminario. La película se rodó en el Seminario Menor de Pilas, en Sevilla, obra del arquitecto Fernando Barquín Barón (1917-1965). El proyecto se comenzó a construir en 1957 y su inauguración tuvo lugar en mayo de 1961 con la presencia de Franco, quien dio un discurso inaugural en el que, lástima, no habló de arquitectura y sí de los peligros del comunismo y de sus compañeros de viaje «que inconscientes, apasionados por sus políticas ateas, acaban haciendo la política que el comunismo necesita» [1].

El edificio llama la atención por su modernidad y limpieza. En lo social, miembro activo de movimientos católicos y en lo arquitectónico, profesional adscrito a los principios del Movimiento Moderno, Fernando Barquín construyó principalmente edificios religiosos y barriadas para las clases más desfavorecidas. En la web de Docomomo Ibérico podemos ver algunas de sus obras. Pero la que nos interesa es esta que aparece en la película de Ozores, el Seminario, del cual podemos obtener aquí más información. Veamos algunos fotogramas:

Y algunos fotogramas, más «artísticos»:

Aquí algunas fotos de la época y planos del arquitecto:

Por cierto, como curiosidad, me encuentro con que, tras el estreno del film, aparece una pequeña nota en El adelantado de Segovia [2] (qué buen título de periódico) firmada por un tal V. Z. donde hacen cura al bueno de don Mariano. No sé qué pensaría nuestro admirado cineasta de esto…

En fin, como me estoy yendo por las ramas, y solo quería dejar constancia de este extraordinario edificio que aparece en una de las cintas menos conocidas de Ozores, aquí lo dejo…

NOTAS

[1] Fundación Francisco Franco

[2] El adelantado : Periódico de Intereses Morales y Materiales, Ciencias, Literatura y Artes: Año LXIII Número 19072 – 1963 marzo 14