DIARIO DE LECTURAS #02.02

La anterior entrada de este diario la inicié con el descubrimiento (para mí) de Daniel Gascón, cuyo Un hipster en la España vacía es uno de los libros con los que mejor me lo he pasado en mucho tiempo. Comienzo ahora esta nueva entrada con otro autor recién descubierto (para mí, claro) que creo que comparte tono y mirada con Gascón en muchos aspectos: Alberto Olmos. Cuando el Vips era la mejor librería de la ciudad (Círculo de Tiza, 2020) reúne unos setenta textos publicados en los últimos cinco años en su columna “Mala fama”, del diario El confidencial (excepto el último, de extensión mayor y publicado en la revista digital Zenda libros). En ellos Olmos derrocha buen humor, independencia de criterio y un apetito lector extraordinariamente voraz mientras opina sobre las cuestiones más variadas: del sospechoso endiosamiento de escritores como Bolaño o Knausgard a la necesaria normalización del hecho de ir de vez en cuando a “bares de fachas”, del subgénero literario insospechadamente humorístico que pueden llegar a ser las solapas de los libros al supuesto machismo imperante en el mundo editorial, del gozoso descubrimiento de “lo cutre” en una feria de Lo Pagán a… en fin, para qué seguir. Cada uno de estos textos me ha hecho reír (o sonreír, al menos) y subrayarme alguna que otra frase. Esté o no de acuerdo con Olmos (por supuesto, esto es lo de menos), he devorado con verdadera glotonería las casi cuatrocientas páginas de este volumen.

Uno de los capítulos del libro se lo dedica al documental (audiovisualmente sosísimo, pero de contenido muy revelador) Generación Kronen, de Luis Mancha, en el que se hace un repaso a los tristes restos del naufragio de ese pretendido boom que fue la joven literatura española surgida en los 90, capitaneada por el éxito de José Ángel Mañas y su Historias del Kronen. He aprovechado para ver el documental y hacer un par de catas en la prosa de dos de los pocos de aquellos autores que hoy siguen escribiendo y publicando de manera más o menos regular: Ray Loriga y Juan Manuel de Prada. Héroes (Plaza & Janés, 1993), de Ray Loriga, puede que sea la novela que mejor refleja ese deseo de “modernización” (peligrosa palabra) a que aspiraba nuestra literatura en ese momento: experimentación formal, continuas referencias a la cultura popular norteamericana, capítulos cortos y sin aparente conexión, aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para citar constantemente a Bowie o Lou Reed… por la contraportada me entero de que lo cuenta el libro es la historia de un chico que se encierra en su habitación “para vivir fuera del mundo y dentro de las canciones”. Continúa el texto destacando “el carácter anárquico de su prosa […] situada en las antípodas de toda literatura correcta y descartable” (ignoro qué habrán querido decir). La foto del autor en portada, mirada desafiante, cerveza en mano, chupa vaquera, anillos… es todo tan “años 90” que resulta enternecedor. En cualquier caso, y aunque no creo que casi tres décadas después haya quedado más que como testimonio de un momento, qué demonios, creo que está muy bien escrita y he disfrutado de su lectura.

El otro escritor al que hacía referencia, en las antípodas de Loriga pero surgido aproximadamente en el mismo momento y tan celebrado como él (aunque seguramente en círculos distintos) es Juan Manuel de Prada. Conozco su trayectoria bastante bien, aunque le he seguido mucho más como articulista que como novelista. Aunque su primera novela, Las máscaras del héroe, me deslumbró, los argumentos del resto me han ido llamando menos la atención, así que aunque este es, si no me equivoco, el sexto libro suyo que leo, también es solamente la segunda novela suya que leo. El argumento de Mirlo blanco, cisne negro (Espasa, 2016) tiene muchísimo de autobiográfico, no en sentido estricto pero sí está claro que muchas de las vivencias y rasgos de los dos personajes principales están basados en parte en los suyos propios… la novela cuenta la historia de Alejandro Ballesteros, un joven y prometedor escritor de provincias que es “apadrinado” por Octavio Saldaña, un veterano escritor de vuelta de todo, que tuvo un apabullante éxito años atrás con su primera novela pero poco a poco fue perdiéndose entre las cloacas de las tertulias políticas radiofónicas… el libro me ha encantado, la verdad, pero sinceramente creo que si no conociera al autor ni su trayectoria (una vez más, muchísimas veces no estoy de acuerdo pero siento una gran admiración y simpatía por él), me habría dejado mucho más frío…

La relación entre Ballesteros y Saldaña, en la novela de Juan Manuel de Prada, es totalmente vampírica. Saldaña se aprovecha del joven, le hipnotiza, le tiene a su merced y le chupa, metafóricamente, la sangre y la energía. En cierto modo, Mirlo blanco, cisne negro es una historia de vampiros psíquicos, que son los peores, y bien podía haber sido citada en este librito titulado Hijos de la noche. Vampiros: cine y literatura (Archivos Vola, 2020), editado por Frank G. Rubio. Este breviario recoge cuatro textos de desigual extensión e interés a cargo de Frank G. Rubio (un incompleto pero interesante paseo por el cine de temática vampírica), Rosemary Thorne (que centra su aportación en cómo el cine ha mostrado a la infame y célebre condesa Báthory), Jesús Palacios (cómo siempre, el más interesante, reivindicando algunas de las escasas muestras de vampirismo ibérico en la literatura) e Iria Barro Vale (con un texto brevísimo, quizá el más prescindible de los cuatro, sobre Arrebato, de Iván Zulueta).

Más cine, aunque esta vez sin vampiros. John Waters. Príncipe inmundo (Ayuntamiento de Valencia, 1999), editado por Juan Guardiola, se editó con motivo de la retrospectiva sobre uno de mis directores favoritos organizada hace veintiún años en la XX Mostra de Valencia. Sabía de su existencia desde hace años, pero como no me quedaba muy claro el contenido del libro no me hice con él hasta hace bien poco, que encontré un ejemplar usado pero a buen precio… y como pasa en este tipo de libros, hay de todo. La parte gráfica se centra sobre todo en las series de fotogramas fotografiados que por esos años se dedicaba a hacer el bueno de John. En cuanto a la parte escrita, encontramos un par de textos del propio John Waters, y una entrevista, así como cuatro o cinco artículos que tratan de desentrañar diversas claves de la obra del director. Quizá el texto que más me ha interesado, por lo insólito y original del planteamiento, es el de un tal Gabriel Villota Toyos en el que analiza la escatología (en las dos acepciones del término) de Pink Flamingos a la luz de las teorías de Julia Kristeva sobre lo grotesco y de Mijail Bajtin sobre el carnaval. Toma ya.

Y termino este repaso por algunas de mis lecturas de las últimas semanas con 9 horcas, el cómic de Pablo Vergel y Adrián Bago autoeditado hará cosa no sé si de uno o dos años: 12 páginas en las que Pablo da rienda suelta a su pasión por la crónica negra y el misterio y Adrián muestra una vez más su maestría en el dibujo. Sin ser ninguna obra maestra (está concebido como un divertimento, y como tal se consume), tiene muchos puntos a destacar para mí: me caen muy bien ambos autores (claro que esto influye), trata uno de mis temas predilectos, el de los edificios malditos y además, en este caso, se basa en un edificio real (la finca maldita de Tres Forques, en Valencia), así que me he quedado con ganas de más. De hecho, en la primera página anuncian una segunda entrega de esta colección acerca de “la psicofonía del infierno”… ¿a qué esperáis, amigos?

VIVIR RODANDO #123: VUDÚ

Y una nueva entrega de Vivir Rodando, el podcast de Raúl Cornejo en el que tengo el gusto de colaborar. Esta vez hablamos con Dani Morell, coordinador del primer título de la colección El ocultismo en el cine, de la editorial alicantina Dilatando Mentes.

Pasamos un estupendo rato viajando de Haití a Nueva Orleans hablando de la presencia del vudú en el cine y en la cultura popular. Aquí lo tenéis:

DIARIO DE LECTURAS #02.01

Después de casi dos años, y sin saber muy bien por cuánto tiempo, voy a intentar retomar este apartado del blog en el que reseñaré brevemente las lecturas que he ido haciendo en las últimas semanas. Por supuesto, no tengo especial intención de que esto le interese a nadie más que a mí… así que libertad absoluta de opinión, de periodicidad y de todo lo demás.

En la última entrada que realicé de la “primera temporada” de este Diario de lecturas terminé con Los asquerosos, de Santiago Lorenzo. Ya dije todo lo que tenía que decir de esa obra maestra, la cima indiscutible de este genio. Poco podía imaginar cuando lo leí lo fuerte que iba a pegar, las decenas de miles de ejemplares que iba a vender, y la cantidad de obras inspiradas en este libro. Nada mejor pues, para retomar estas reseñas, que comenzar por Un hipster en la España vacía (Random House, 2020), de Daniel Gascón, el desternillante relato de las aventuras de Enrique, un moderno madrileño prototípico y caricaturizado al extremo que decide ir a vivir a un pueblecito de Teruel cargado de buenos propósitos y con una idea bastante equivocada de lo que se va a encontrar ahí… La novela juega desde su propio título a la sátira, la parodia y la caricatura nada sutil, pero siempre desde la inteligencia y la sonrisa, nunca desde el rencor y la descalificación vacía y gratuita. Por sus páginas, con una excelente prosa, Gascón da palos, sobre todo, a tantas y tantas tonterías imperantes en la actualidad. Principalmente a esa tontería que se encuentra a ambos lados del espectro político y social y que se muestra paradójicamente en el victimismo y la violencia hacia “el otro” derivados de creer que la postura de uno es la única que puede tener cabida en la sociedad, y que quien piensa distinto representa un ataque y una amenaza a esa verdad que pretenden única. Por eso, con estupendo sentido del humor Gascón toca los huevos tanto al reaccionarismo celtibérico de unos o al racismo con olor a butifarra rancia de otros como a los ridículos malabarismos lingüísticos o al feminismo vacíamente progresista de las de más allá. Siempre, eso sí, y de ahí mi identificación con la mirada de Daniel Gascón, dejando claro que aquí hay sitio para todos, no importa la causa estúpida que defiendan… siempre que nos dejen en paz a los demás.

Siguiendo con la España rural, pero viajando hacia atrás un siglo, he leído con sumo placer estos Cuentos republicanos (Destino, 1970), de Francisco García Pavón, uno de mis escritores de cabecera. Es de los pocos libros que me quedaba por leer de este autor que hizo de su pueblo natal, Tomelloso, todo un universo literario a la altura (juro que no exagero) del Macondo de García Márquez. En este caso el autor nos traslada a los días de su niñez y adolescencia, en concreto a los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la declaración de la Segunda República en nuestro país. Mediante una serie de estampas breves y magníficamente escritas García Pavón rememora historias, recuerdos y personajes de aquella época y de aquella España hoy ya definitivamente desaparecida.

Sigo con otro manchego mucho más universal pero que, igual que Pavón, nunca ha dejado de mostrar y reivindicar sus raíces pueblerinas (que nadie considere despectiva esta palabra). Estoy casi convencido de que El cine de Pedro Almodóvar (Ministerio de Cultura / ICAA, 1988), de Nuria Vidal, es el primer libro publicado sobre nuestro cineasta más importante de las últimas cuatro décadas (en casa tengo un par de libros más sobre Almodóvar casi coetáneos a este pero publicados en 1989). El grueso, y la parte más interesante del libro, son las entrevistas, declaraciones y textos del propio Almodóvar, uno de cuyos mayores talentos es la capacidad mayúscula para el autobombo. Alguien capaz de hablar bien de sí mismo continuamente aun cuando aparentemente no pare de enumerar sus defectos se merece todo el éxito que ha tenido y más. Aparte, en conjunto, su obra cinematográfica es absolutamente coherente y genial, y este libro es sin duda de lo mejor que he leído sobre él (que es bastante).

Una de las protagonistas de la primera película de Almodóvar, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) fue una jovencísima Alaska. Siento tanto por ella como por su marido, Mario Vaquerizo, una profunda simpatía, y me lo he pasado estupendamente bien leyendo esta intrascendencia titulada Haciendo majaradas (Espasa, 2012). Las partes del libro que más me han gustado son aquellas en las que Mario cuenta su infancia y juventud, mucho más que esas más “serias” donde explica su filosofía de vida, da consejos o responde a cuestionarios que hechos por sus amigos. En fin, es uno de esos libros cuyo disfrute viene dado principalmente por el grado de empatía que sienta uno por el personaje. En mi caso, bastante.

Cambiando bastante de tercio (o quizá no tanto), leí la otra tarde un brevísimo librito de Henri Michaux titulado Una vía para la insubordinación (Alpha Decay, 2015) y publicado por primera vez en 1980. Es de lo último que publicó y lo primero que leo de este autor, aficionado a lo esotérico, al mundo de los sueños y a los viajes interiores. Es un breve tratado sobre los poltergeist y otros hechos paranormales que, todo hay que decirlo, no me ha seducido como pensaba que iba a hacerlo. Quizá lo que más me ha gustado ha sido la introducción de Javier Calvo, ese autor de quien he leído recientemente dos novelas (Suommelina y Piel de plata) que me dejaron perplejo y fascinado.

Por último, y por seguir con lo sobrenatural, he devorado el primer libro de una colección (El ocultismo en el cine) que promete bastante: Vudú, de Dani Morell (Dilatando Mentes, 2020). Son seis en total los autores que han colaborado, pero el 90% de los textos, así como la coordinación general de la obra, han corrido a cargo de Morell así que espero que nadie se moleste si le cito como autor casi único. El libro tiene dos partes bien diferenciadas: en la primera Morell nos introduce en los orígenes y significados del vudú, una religión como tantas otras procedente de África y que se desarrolló y estableció principalmente en Haití, haciendo escala posteriormente en Nueva Orleans. Después nos presenta a los principales “estudiosos” de la materia, como Zora Neale Hurston, Maya Deren, William Seabrook o Wade Davis, y pasa a investigar cómo el vudú ha formado parte, sobre todo en sus aspectos más llamativos o folclóricos, de la cultura popular desde principios del siglo XX a la actualidad. Tengo que decir que esta primera parte me ha sorprendido para bien. Se nota la pasión que siente el autor sobre el tema, está muy bien escrita y es muy clara a la hora de explicar conceptos. Después viene una segunda mitad del libro en la que, mediante bloques temáticos o cronológicos, se analizan cerca de noventa películas en las que el vudú tiene presencia, aunque sea esta algo tangencial, de la seminal La legión de los hombres sin alma (1932) a la reciente Zombi Child (2019). La mayoría no las he visto, la verdad, pero ha sido una lectura tan estimulante que ya me he señalado un buen puñado de ellas para buscarlas y verlas este verano… esperaré con ganas los próximos títulos de la colección, seguro…

VIVIR RODANDO #121: SESIÓN SALVAJE

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Mientras esperamos que la tragedia que estamos viviendo termine lo antes y de la mejor manera posible, aprovechamos para grabar, cada uno desde su casa, un nuevo programa de Vivir Rodando. En este caso, dedicado al documental Sesión salvaje, de Paco Limón y Julio César Sánchez.

Raúl Cornejo, Ángeles Gómez, José Cámara y un servidor conversamos -y discutimos- sobre ciertas corrientes cinematográficas que se dieron en España desde finales de los 60 hasta principios de los 80, repasando durante cerca de dos horas a cineastas tan distintos entre sí como Jesús Franco, Mariano Ozores, Paul Naschy, Juan Piquer Simón, Carlos Aured, Eugenio Martín o Eloy de la Iglesia, que tantos momentos de placer (y tantos otros de agotamiento) me han proporcionado.

 

VIVIR RODANDO #115: EL CRACK CERO

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Y cerramos la trilogía joseluigarciana del programa Vivir Rodando con este homenaje a El Crack Cero, su maravillosa y última película, una de las sorpresas mayúsculas de la temporada.

Después de los programas 104 y 106, Raúl Cornejo y yo dejamos de hablar -por el momento- de Garci, una de nuestras debilidades, y uno de los creadores que más fervientemente reivindicamos.

VIVIR RODANDO #111: CHICHO IBÁÑEZ SERRADOR

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El programa 111 (buen número) de Vivir Rodando, el estupendo programa de cine de Raúl Cornejo está dedicado a la figura de Chicho Ibáñez Serrador, el gran creador televisivo de la historia de TVE, autor además de dos fabulosas películas, dos de los hitos indiscutibles del cine de terror español, La residencia y ¿Quién puede matar a un niño?

De su vida, de sus películas, de sus programas, de sus colaboradores y de su legado hablamos durante cerca de dos horas. Personalmente, es uno de los programas en los que mejor me lo he pasado.

Lo podéis escuchar desde este mismo blog, o desde aquí

TERTULIA FORTEANA #1

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Gracias a Moisés Garrido se puede escuchar el audio de la primera tertulia forteana que tuvo lugar ayer en Aracataca Espresso Bar. Me tocó hacer de maestro de ceremonias, compartiendo mesa con Pablo Vergel, Raúl Cornejo y Daniel Valverde (que no sale en la foto).

La excusa fue la reciente publicación de Cuando las profecías fallan y Las profecías del Mothman. He leído el segundo y me ha parecido estupendo, como todo lo que publica esta editorial (Reediciones Anómalas) cuyos libros, auguro, van a convertirse dentro de pocos años en objetos de coleccionista, al estilo de la mítica colección Otros Mundos de Plaza y Janés, que presentó por primera vez en los 70 al público español estos temas en ediciones muy cuidadas.

CARTEL

VIVIR RODANDO #109: CONCHITA MONTES

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Un nuevo programa de Vivir Rodando, en el que tengo el gusto de hablar con Raúl Cornejo y José Francisco Cámara de la gran Conchita Montes, con motivo de la reciente publicación de Conchita Montes: Una mujer ante el espejo, de Aguilar & Cabrerizo (Bala Perdida, 2018). Por supuesto, es la ocasión propicia para hablar también de Edgar Neville, para reivindicar a la otra generación del 27 (la buena, la de los humoristas), para debatir y para no estar de acuerdo en ciertas cosas 🙂